Me llevé a los labios una cucharada de té en el que había ablandado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago mezclado con las migas del bollo tocó mi paladar, me estremecí, presté atención a lo que me pasaba de extraordinario. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin que tuviese noción de la causa [...] esta esencia no estaba en mí, era yo.
En busca del tiempo perdido, Por el camino de swan escrito por
Marcel proust. (1913)
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No estaba en mí, era yo. Ya no era un dato más, estaba almacenado en mi memoria, pero de otra forma, era yo mismo, eran mis recuerdos, mis emociones... representa mucho mas que el echo de disfrutar de la comida, es un recuerdo.
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